Radar Cuadrante
Aldo Arroyo Pellón, Ejecutivo de Asuntos Públicos
23 de marzo de 2026
Los aires electorales empiezan a soplar con fuerza en los pasillos de las distintas representaciones partidistas del país. Aunque las elecciones intermedias se celebrarán hasta 2027, varios partidos ya perfilan a sus aspirantes, en una dinámica que favorece campañas casi permanentes para sostener presencia mediática.
Los primeros en mover piezas han sido el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Verde Ecologista.
El PRI anunció la estructura “Defensores de México”, que será coordinada por Rosario Robles, quien encabezó la Secretaría de Desarrollo Social y, posteriormente, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Por su parte, el coordinador del PVEM en el Senado, Manuel Velasco, dio a conocer a nueve de los 17 aspirantes a las gubernaturas en disputa y llamó a Morena a permitir que sus perfiles participen en los procesos internos de la alianza, además de respetar los resultados.
Estos anuncios buscan colocar en la conversación electoral a partidos con menores probabilidades de triunfo, una táctica común para maximizar presencia narrativa antes de que entren en escena figuras con mayor tracción. En el caso del PVEM, el movimiento amerita atención. Hasta ahora había concentrado su estrategia en negociar posiciones legislativas y sostener su poder en Chiapas y San Luis Potosí; sin embargo, parece buscar ampliar control territorial.
Aunque Morena sigue como factor determinante de la alianza, el PVEM y el PT han incrementado su capacidad de negociación, como se observó con el rechazo a la Reforma Electoral de la presidenta. Ese nuevo margen puede explicar por qué hoy presionan por espacios en gubernaturas.
La posibilidad de que Morena ceda control de candidaturas a gubernaturas se mantiene baja. Aun así, si el PVEM logra posicionar perfiles atractivos para las bases de la alianza y encabeza encuestas internas, Morena enfrentaría un dilema: respetar resultados y ceder espacios relevantes, o asumir costos políticos al desconocerlos.
Este reacomodo también se vincula con la necesidad de Morena de asegurar respaldo aliado para impulsar nuevas reformas que toquen intereses directos dentro de la coalición, como el llamado Plan B. Aunque los coordinadores de Morena en ambas cámaras anticiparon una aprobación rápida, también reconocieron que requiere el apoyo de sus aliados.
La iniciativa ha tenido mejor recepción porque concentra la reestructura fuera del aparato legislativo con reducción de regidurías, topes presupuestales a congresos locales y ajustes al Instituto Nacional Electoral. Su componente más polémico proviene de la agenda del expresidente Andrés Manuel López Obrador; la consulta de revocación de mandato, concebida como un mecanismo para que la ciudadanía remueva al titular del Ejecutivo mediante referéndum, pero criticada por servir también como instrumento de promoción política.
En el caso de Sheinbaum, las críticas son más consistentes por la intención de empatar la consulta con las elecciones intermedias de 2027, lo que en términos prácticos permitiría “meter en la boleta” a la presidenta, quien registra niveles de aprobación superiores al 70% en múltiples encuestas. La oposición y diversos analistas han subrayado ese riesgo, mientras la Presidencia defiende la propuesta con el argumento de incentivar participación y reducir costos operativos.
Lo que resulta claro es que empatar la elección con la consulta daría una ventaja competitiva a la coalición gobernante, ya que la presidenta podría realizar actos de campaña acompañada por candidaturas aliadas y con apoyo logístico federal. Las fricciones legislativas recientes parecen haber dejado una lección en Palacio Nacional, aun con mayoría en ambas cámaras, se requiere fortalecer el control político, en especial en el Senado, para aprobar reformas de mayor calado.
Los partidos aliados deberán administrar esa ventaja con disciplina, impulsando candidaturas competitivas y reduciendo tensiones al interior de la coalición gobernante. La oposición, por su parte, enfrenta la necesidad de una reestructura de fondo; aunque hasta ahora no hay señales claras de que avance en esa dirección, lo que perfila otra victoria amplia de Morena y sus aliados, salvo que variables como menor crecimiento económico o una escalada de tensiones con Estados Unidos alteren el escenario.