Radar Cuadrante
Aldo Arroyo Pellón, Ejecutivo de Asuntos Públicos
12 de enero de 2025
Las secuelas del operativo militar de Estados Unidos en Venezuela para extraer o secuestrar —dependiendo de la postura política— al presidente Nicolás Maduro continúan afectando la estabilidad regional.
Este episodio ha puesto a prueba la capacidad diplomática del gobierno mexicano, en un contexto marcado por las amenazas recurrentes del presidente Donald Trump de emprender acciones similares contra cárteles del narcotráfico. Ante ello, la presidenta Claudia Sheinbaum se posicionó durante una de sus conferencias matutinas, al señalar que se buscaría una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, para presentar los avances de la estrategia de seguridad, como una medida de apaciguamiento y prevención frente a un posible escalamiento.
Sheinbaum ha demostrado habilidad para mantener una relación cordial con Trump, evitando caer en provocaciones o confrontaciones públicas. Sin embargo, esta estrategia va más allá del discurso. Durante su primer año de gobierno, México ha realizado concesiones constantes para alinearse parcialmente con las prioridades del proyecto político trumpista. Entre ellas destacan la extradición de más de 50 capos del narcotráfico y la reforma a la ley arancelaria para incrementar gravámenes a países sin tratado de libre comercio con México, una medida claramente orientada a limitar el acceso de productos chinos.
Estas acciones, aplaudidas por figuras de la administración estadounidense como el representante comercial Jamieson Greer y el propio Marco Rubio, buscaban tranquilizar a Trump; no obstante, las amenazas han persistido. Este escenario ha llevado a analistas a cuestionarse cuál es el límite de las concesiones que busca Estados Unidos. Con la renegociación del Tratado de Libre Comercio en puerta, es probable que en las próximas semanas se clarifique esta incógnita.
Todo apunta a una negociación compleja, en la que el tema de seguridad y las amenazas arancelarias se utilizarán como mecanismos de presión. Mientras tanto, el gobierno de Sheinbaum llegará a la mesa con el objetivo central de mantener el control estatal sobre los recursos del subsuelo, en tanto que Estados Unidos buscará reducir barreras arancelarias y regulatorias en sectores estratégicos para su industria, como el agrícola, energético y manufacturero.
Paralelamente a estas presiones externas, el gobierno mexicano avanza en la elaboración de una Reforma Electoral que podría poner en riesgo la alianza gobernante. La propuesta inicial de la presidenta plantea la eliminación de los cargos plurinominales, figuras creadas en 1977 para abrir espacios a la oposición al régimen priista, aunque manteniendo el control político del Estado al depender de negociaciones partidistas y no del voto directo. Con el tiempo, estos escaños se han convertido en un componente esencial de la estructura partidista y de la dinámica política nacional, al facilitar alianzas con grupos, sindicatos y movimientos sociales.
La medida afectaría directamente a integrantes de Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, lo que ha llevado a analistas a especular sobre una posible ruptura interna o incluso el retiro de la iniciativa. Por otro lado, buena parte de los principales líderes de oposición —como Ricardo Anaya, Mauricio Vila Dosal, Lilly Téllez y Alejandro “Alito” Moreno, entre otros— ocupan actualmente cargos plurinominales. Mientras algunos sostienen que, al no haber obtenido el respaldo directo del voto popular, no deberían tener representación legislativa, otros argumentan que, en un país donde el triunfo electoral depende en gran medida de la capacidad de movilización y de las estructuras partidistas y estatales, estos mecanismos siguen siendo clave para preservar la pluralidad legislativa.
Más allá de cuál postura resulte dominante, la eventual aprobación de esta reforma implicaría una reconfiguración profunda de la práctica política nacional en todos los niveles y podría detonar una recomposición de las alianzas partidistas.
Así, todo indica que 2026 estará marcado por cambios políticos constantes, tanto en el ámbito interno como en el internacional, en un contexto de creciente escalamiento de conflictos globales que obligarán a México a definir posturas con mayor claridad. Al mismo tiempo, Morena buscará consolidar su proyecto político y sostener una aprobación ciudadana que le permita darle continuidad. Quizá, al final, todo se reduzca a la máxima clásica de James Carville: “es la economía…”, pues el desenlace dependerá de mantener la inflación bajo control y un crecimiento del PIB estable.