Radar Cuadrante
Aldo Arroyo Pellón, Consultor de Asuntos Públicos
15 de septiembre de 2026
“Dos estrechos, una crisis global”
Esta semana la agenda mediática internacional estuvo dominada por una nueva escalada del conflicto en Medio Oriente y sus efectos sobre los mercados energéticos, con el crudo de Brent por encima de los $100 dólares por barril y este 15 de septiembre llegó a superar los $108 dólares durante la sesión, después de alcanzar un máximo de $113.48 dólares el 9 de septiembre.
Uno de los principales focos de tensión se encuentra en Yemen, donde el grupo rebelde de los hutíes, respaldados por Irán y enfrentados al gobierno yemení reconocido por el bloque internacional occidental y apoyado por Arabia Saudita, emprendieron su mayor avance territorial en años sobre la costa del mar Rojo. En los últimos días tomaron posiciones estratégicas, entre ellas la isla de Mayun o Perim, ubicada en el estrecho de Bab el-Mandeb, y avanzaron sobre zonas costeras cercanas, lo que amplía su capacidad para presionar una de las principales rutas marítimas del mundo.
La importancia de este paso marítimo aumentó a partir de las restricciones en el estrecho de Ormuz impuestas por Irán, lo que obligo a Arabia Saudita ha redirigir buena parte de sus exportaciones hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, mediante el oleoducto Este-Oeste, con más de 70% de sus exportaciones siendo desviadas hacia este puerto.
A esta presión se sumó el ataque con drones contra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, infraestructura clave para transportar crudo desde el este del país hasta Yanbu y evitar Ormuz. Las autoridades sauditas e iraquíes confirmaron que los drones fueron lanzados desde territorio iraquí; hasta ahora ningún grupo miliciano dentro de Iraq se ha atribuido el ataque, pero es sabido que son parte del llamado “axis de resistencia” integrado por Irán, Hezbolá, Hamas, Hutíes y milicias iraquíes.
Ante los ataques, el reino saudí cerró temporalmente el ducto y estimaciones recientes apuntan a que permanecerá afectado durante varias semanas. Los hutíes, por su parte, han realizado ataques separados con misiles y drones contra instalaciones energéticas y militares sauditas, lo que ha dejado al menos un centenar de fallecidos.
La presión simultánea sobre Ormuz y Bab el-Mandeb eleva el riesgo para el mercado energético mundial. Antes del conflicto, por Ormuz transitaban alrededor de 20.9 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, equivalentes a cerca de 20% del consumo mundial y una cuarta parte del petróleo comercializado por vía marítima. Por Bab el-Mandeb circularon alrededor de 8.1 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026, volumen que aumentó precisamente por el desvío de cargamentos desde Ormuz.
China también está aumentando la presión sobre la demanda de petróleo. Sus importaciones de crudo bajaron a 8.1 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026, 32% menos que en el trimestre anterior, debido a los altos precios y a las restricciones de suministro. Sin embargo, las compras comenzaron a recuperarse en julio y agosto, hasta alcanzar alrededor de 8.9 millones de barriles diarios en agosto, 6.2% más que el mes anterior. Aun así, las importaciones por vía marítima se mantienen cerca de 40% por debajo de los niveles previos al conflicto.
Finalmente, la relativa contención de los precios durante los primeros meses del conflicto estuvo apoyada por la liberación coordinada de reservas de emergencia. El 11 de marzo, los 32 países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) acordaron poner a disposición 400 millones de barriles, la mayor acción de este tipo en la historia del organismo, de forma paralela, Estados Unidos comprometió 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica.
Todos estos factores de mitigación se han ido debilitando de forma gradual en un conflicto que, hasta ahora, carece de una salida política o militar clara. Este escenario ya ha generado especulaciones sobre la posibilidad de que Irán consolide su posición como un nuevo polo de poder global y, junto con China, Estados Unidos y Rusia, adquiera un papel más relevante en las negociaciones internacionales.
Aún está por verse la capacidad de Irán para sostenerse durante la guerra y mantener el control interno una vez que disminuya la actual coyuntura de cohesión nacional. Lo que resulta más claro es que el sistema internacional continúa avanzando hacia una estructura multipolar, en la que Estados Unidos enfrenta mayores límites para imponer sus prioridades y otros países cuentan con más alternativas de respaldo entre distintas potencias. En varios casos, estas relaciones se construyen a partir de intereses económicos y comerciales, con menores condicionamientos políticos que los tradicionalmente asociados a las potencias occidentales.