Radar Cuadrante

Aldo Arroyo Pellón, Ejecutivo de Asuntos Públicos

30 de junio de 2026

 

El Mundial suele presentarse como una de las expresiones más cercanas a la paz global que ha alcanzado la humanidad. En este contexto, algunos países han tenido acercamientos que antes del torneo parecían improbables. Un ejemplo fue Lawrence, Kansas, que recibió a la selección de Argelia, un país de mayoría musulmana, en una región conocida como God’s Country en Estados Unidos; otro caso fue el de los aficionados en Los Ángeles que apoyaron a la selección de Irán, pese a que autoridades estadounidenses negaron visas a integrantes del cuerpo técnico y a seguidores provenientes de Teherán.

En ese marco, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sostuvo una reunión con el rey Felipe VI de España, tras años de roces diplomáticos derivados de la solicitud de disculpa pública planteada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador por los crímenes cometidos durante la Conquista. La Corona española rechazó esa petición, lo que provocó un distanciamiento en la relación bilateral a nivel ejecutivo, aunque los vínculos económicos se mantuvieron estables.

La solicitud fue controversial en ambos lados del Atlántico. En México, algunos sectores la consideraron un intento innecesario por reabrir heridas de siglos pasados. Sin embargo, también existe una corriente crítica de la colonización, cuyo principal referente intelectual fue quizá el académico Enrique Dussel, quien cuestionó el eurocentrismo y sus efectos en la situación económica y social de los países colonizados, no solo en América, sino en distintas regiones del mundo.

Además, existen precedentes internacionales similares. En 2015, el papa Francisco pidió disculpas en Bolivia por los crímenes cometidos contra los pueblos originarios durante la Conquista de América. En 2022, el mismo pontífice se disculpó con los pueblos indígenas de Canadá por el papel de la Iglesia católica en los sistemas de educación forzada. En el caso de las monarquías europeas, destaca la disculpa pública de la reina Isabel II al pueblo Waikato-Tainui en Nueva Zelanda, en 1995, por la invasión y confiscación de tierras durante el periodo colonial.

Quienes rechazan este tipo de solicitudes argumentan que, aunque durante la Conquista se cometieron crímenes, juzgar sociedades del pasado con criterios morales actuales puede llevar a interpretaciones históricas imprecisas. También sostienen que la sociedad contemporánea es producto directo de ese periodo de mestizaje entre pueblos indígenas e ibéricos.

El caso de España es particular. A nivel interno, es un país marcado por diferencias culturales y tensiones regionales, con movimientos que defienden una mayor autonomía o incluso la independencia respecto de Madrid, sede de la Corona. Su historia ha estado atravesada por el esfuerzo de unificar distintas provincias de la península, y el llamado periodo dorado del Imperio español sigue siendo un pilar de la idea nacional para ciertos sectores, especialmente grupos de derecha que evocan ese pasado como símbolo del potencial del país. Vox, por ejemplo, ha utilizado este tema como bandera política en sus campañas.

Más allá de cuál argumento resulte más sólido, esa disputa diplomática fue heredada por Claudia Sheinbaum, quien ha reiterado que la solicitud de disculpa sigue vigente, pero sin condicionar a ella la relación bilateral.

La recepción al rey Felipe VI en Palacio Nacional reflejó esa postura. Aunque no hubo conferencia conjunta, como suele ocurrir en otras visitas de jefes de Estado, la Presidencia manejó el encuentro con un tono informativo y positivo. La reunión tampoco nació de una iniciativa bilateral formal, sino de la presencia del monarca en México con motivo del partido entre España y Uruguay. Esto colocó a la presidenta en una posición incómoda, ya que no recibirlo habría abierto la puerta a que otros actores políticos, como el PAN o Movimiento Ciudadano para capitalizar la visita mediante una reunión pública, lo que habría dejado al Ejecutivo en un papel secundario dentro de la relación diplomática.

Así, Sheinbaum optó por un recibimiento cordial, sin demasiada fanfarria política o mediática. Fue un encuentro de trámite que no representa un viraje total en la relación con España, pero sí confirmó el pragmatismo político de la presidenta.

Por otra parte, se perfila una relación incómoda en el continente, con la tardanza de la presidenta para reconocer los resultados electorales de Colombia, donde Abelardo de la Espriella, del partido Defensores de la Patria, ganó la elección presidencial en uno de los comicios más cerrados en la historia reciente del país sudamericano. La diferencia frente a Iván Cepeda, de la coalición Pacto Histórico, fue de 0.96 puntos porcentuales, equivalente a 251,854 votos.

La llegada de De la Espriella continúa la línea de gobiernos de derecha que han ganado terreno en la región, como ocurrió en Ecuador, Argentina, Paraguay y Perú. Este viraje, después de las décadas asociadas a la llamada marea rosa, muestra la incapacidad de distintos gobiernos latinoamericanos para atender las demandas de fondo de sus poblaciones. Es poco probable que haya existido un cambio ideológico colectivo primero hacia la izquierda y ahora hacia la derecha. Más bien, los electores parecen castigar a quienes no resuelven problemas estructurales.

México ofrece un ejemplo similar. Las banderas políticas de Morena resultaron atractivas para ciertos sectores, pero no explican por sí solas su triunfo. Su principal fortaleza fue la promesa de un cambio estructural en temas como seguridad, bienestar y calidad de vida.

El caso de Colombia se perfila como una advertencia para México. Si no hay mejoras sustantivas en los temas que más afectan a la población, el electorado puede buscar alternativas políticas de corrientes ideológicas opuestas.